Un espacio creado para compartir el maravilloso mundo de la literatura. Dedicado a mi querida maestra Gladys de Freitas

26 jul. 2013

Teresa de la Parra



Ana Teresa Parra Sanojo, mejor conocida bajo el seudónimo de Teresa de la Parra; fue una escritora venezolana, considerada como una de las mujeres y escritoras más destacadas de su época. Incursionó en el mundo de las letras de la mano del periodismo y escribió dos novelas que la inmortalizaron en toda América: Ifigenia y Memorias de Mamá Blanca. Ifigenia fue su novela más conocida, la cual planteó por primera vez en Venezuela el drama de la mujer frente a una sociedad que no le permitía tener voz propia.

Teresa nace en París, el 5 de Octubre de 1889, debido a que sus padres se encontraban por casualidad en esa ciudad; pero a la corta edad de dos años llega a Venezuela. Su infancia transcurre en la hacienda de caña "El Tazón", cercana a Caracas, ya que su familia formaba parte de la aristocracia venezolana y al sector de los terratenientes. Seis años después muere repentinamente su padre; y a la edad de 11 años su familia decide establecerse en Europa, instalándose en Mistala, España. Teresa es internada en el Colegio religioso Sagrado Corazón de Godella (Valencia). Allí comienza a expresar su inquietud por la poesía. Se dedica a la lectura de escritores famosos como, Guy de Maupassant, Catulle Méndes y Valle-Inclán, quienes van a ejercer gran influencia en su formación literaria.
Los Parra Sanojo regresan a Caracas en 1919. Se establecen en una casa colonial situada en las esquinas Torre y Verones. En las tertulias que allí se organizan, y en frecuentes reuniones que se dan en los cafés o "botellerías" de la Caracas de principios del siglo XX, la joven escritora toma apuntes sobre los modismos del español caraqueño, de sus maneras, de sus variantes. Tiene una gran fascinación por el habla coloquial, pero, a diferencia de lo que estila el costumbrismo, reproducirla no será el fin de su obra, se trata sólo de un recurso para contar historias.
Sus primeros cuentos, de corte fantástico, datan de cuando tiene 26 años. Corre el año de 1915, y para entonces la mayoría de las mujeres de su edad no se ocupan precisamente del oficio literario. Es pues un hecho excepcional lo que ocurre en sus escritos, que se ven publicados en revistas parisinas como Paris Time, Revue de L'Amérique Latine y otras más. En vista de su éxito, diferentes publicaciones venezolanas se interesan por su escritura, y así sus relatos aparecen en El Universal y en la revista Lectura Semanal. En estos periódicos pública bajo el seudónimo de Fru-Fru, cuentos como Un evangelio indio: Buda y la leprosa y Flor de loto: una leyenda japonesa. Algunos de los cuentos fantásticos que pública son: El ermitaño del reloj, El genio del pesacartas y La historia de la señorita grano de polvo, bailarina del sol. Asimismo, en 1920 pública en la revista Actualidades, dirigida por Rómulo Gallegos, su "Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente", que en realidad es una ficción basada en las cartas enviadas por su hermana en numeroso viajes. Animada por el éxito alcanzado por sus artículos y cuentos publicados en los periódicos caraqueños, se dedica con entusiasmo a la tarea de leer y escribir, y comienza el Diario de una Señorita que escribió porque se fastidiaba.Para 1921,a los 32 años, ya su nombre suena en todos los oídos de la comunidad literaria venezolana; no es para nadie sorpresa que, con motivo de la visita del príncipe de Borbón a Venezuela, se le asigne la tarea de escribir un discurso en respuesta al que ofrece doña Paz de Borbón en homenaje a las mujeres venezolanas. En esta ocasión recibe grandes elogios por la profundidad de su pensamiento y por su encanto prosístico. En 1923 se traslada a París. En 1924 pública bajo el seudónimo de Teresa de la Parra, su primera y más famosa novela Ifigenia, con la que participa en un concurso literario en París, auspiciado por el Instituto Hispanoamericano de la Cultura Francesa, obteniendo el primer premio. La Casa Editora Franco-Ibero-Americana de París la premia con 10.000 francos y pública la obra en francés y en español. Tanto la suma como la doble publicación constituyen logros inusuales. Su fama crece hasta convertirse en una de las escritoras más destacadas de Latinoamérica y colocarse a un lado de Gabriela Mistral, con la que mantiene una estrecha amistad.
En los periódicos caraqueños reseñan su recibimiento masivo en La Habana, Nueva York y Bogotá. De esta última ciudad se menciona una recepción tan multitudinaria que la gente, agolpada por los andenes y aun sobre los vagones del tren, no la deja llegar a la puerta de la estación ferroviaria sino tras veinte minutos de esfuerzos para escapar de los efusivos saludos. En uno y otro lugar, dicta conferencias que hablan de la importancia de la mujer en la conquista, la colonia y la independencia de América.
Los años que van de 1928 a 1930 son de intensa actividad para la escritora; es invitada a Cuba para participar en el Congreso de Prensa Latina, el tema de su discurso fue "La Influencia Oculta de las Mujeres en la Independencia y en la vida de Bolívar"; pasa por Caracas y viaja a Múnich, en el marco de un festival literario dedicado a Wagner; pública en 1929 su segunda novela, Memorias de Mamá Blanca, que escribe en un viaje a Suiza.


Terminada su travesía, en 1931 se instala definitivamente en Europa. Lleva en proyecto una biografía de Simón Bolívar, por quien siente gran admiración. Pero no logra terminarla, debido a que en esos días se manifiestan los síntomas de una grave enfermedad pulmonar. Para intentar recuperarse se interna en un sanatorio suizo, desde donde mantiene una viva correspondencia con sus amigos. Los deseos de recuperación que recibe de muchas partes de poco le sirven, pues su salud empeora progresivamente. La crítica situación europea que antecede a la Segunda Guerra Mundial la obliga a abandonar Suiza; se traslada entonces al sanatorio de La Fuenfría, en la Sierra de Guadarrama, a pocos kilómetros de Madrid. En 1934 se le diagnostica una bronquitis asmática, que finalmente acaba con su vida el 23 de abril de 1936, cuando cuenta con 46 años de edad. Para el momento de su muerte la acompañan su madre, Isabel Sanojo de Parra; su hermana María y su amiga Lydia Cabrera, escritora cubana que le dedicara a Teresa su libro Cuentos negros.
Sus restos, sepultados en el cementerio de Almudena, son repatriados en 1947 al panteón familiar Parra Sanojo y finalmente al cumplirse el centenario de su nacimiento son llevados el 7 de noviembre de 1989 al Panteón Nacional de Venezuela.

Escultura de Teresa de La Parra en el parque los Caobos de Caracas


Bibliografía:


Fuente: wikipedia.org  y  venezuelatuya.com